viernes, febrero 23, 2007

El primer cuento

Para Francisca

Como todos los días, ese hombre la miraba fijamente. Matilde sentía una inquietud que conjuraba bajando la vista y pensando. Nunca nadie le leyó un cuento, ni cuando niña. Pensó en todos los que había leído a su hija. En cómo se mezclarían esas historias que le leía con los sueños de la niña, cuando se dormía escuchándolos.

Levantó la vista y ahora el hombre la miraba y sonreía. Volvió a ignorarlo hasta llegar a su estación. Bajó del metro apenas se abrieron las puertas y caminó rápidamente, ya no había inquietud que conjurar, el hombre ese seguiría su camino hacia quién sabe qué lugar de Santiago, como todos los días a esa hora. Era una rutina que ella administraba con precisión, como todo lo que hacía.

Don Andrés era un viejo químico que había descubierto propiedades medicinales a plantas nativas de Chile. En realidad no había descubierto nada, él era descendiente de una machi.

Vivía de hacer clases en la universidad hasta que jubiló. Ahora estaba envejecido y enfermo. Una de sus hijas pagaba a Matilde para que tuviera los cuidados necesarios.

Cuando llegaron a París, tuvo que seguir las indicaciones que la hija de don Andrés le había dado para llegar al departamento en que se quedarían los cinco días. Los suficientes para que él recibiera el premio que le daban en la universidad en la en que había estudiado.

Don Andrés Belano prácticamente no podía caminar y estaba un poco ciego, pero era un hombre lúcido y un buen conversador, así que a Matilde se le hacían cortos los días. Ella no tenía apuro en que pasaran las horas. En París no estaba su hija esperándola para que le leyera cuentos, ni había horas punta, ni ese hombre en el metro, que todos los días la miraba y que a veces sonreía.

-Este departamento lo usaba mi nieto, el hijo de Alfonso. También lo usé yo cuando estudié. Se llamaba Andrés, como yo, Andrés Belano, igual que su abuelo. Después de estudiar acá, volvió a Chile y en vez de la Química, para la que tenía mucho talento, se dedicó a la política y bueno, no supimos más de él.

Alfonso vivía con don Andrés y su esposa. Siempre parecía ausente y nunca hablaba. Cada cierto tiempo iba un psiquiatra a verlo y a dejarle varias cajas de unas tabletas que debía tomar. El doctor almorzaba con la familia y se iba. Cada tres meses.

Matilde llevaba tres años cuidando a don Andrés y no sabía nada más de esa historia ni sobre el desaparecimiento del nieto. En la casa no había fotos y no se hablaba del tema. Ahora, cuando don Andrés le contó, recordó que la expresión de Alfonso no era de ausencia, era de tristeza y aceptación y pensó que era por su hijo.

- Ouvrez la bouche.

Le ordenó dulcemente, con la frase que el viejo le había enseñado y le dio la última cucharada de flan.

En la madrugada llamó a Chile a su hija y le contó una pequeña historia que se le ocurrió en el momento. Pero esta vez no consiguió que la niña se durmiera, era necesario que ella estuviera a su lado, y que le diera ese calorcito de estar juntas mientras le leía.

- Mamá ¿Me das permiso para salir a jugar? Di que sí. Todavía estoy de vacaciones.

Autorizó a su hija y ordenó que estuviera a las diez en la cama, envió besos y colgó. Sus manos estaban frías, era invierno en Francia y la calefacción no funcionaba bien en su pieza, después de darse vueltas y de tratar de abrigarse, al fin pudo dormir. Eran exactamente las cuatro de la mañana en París. En Santiago, eran las diez de la noche.

Don Andrés tenía antojo de un pan con chocolate que vendían, según dijo, en la esquina más próxima al departamento en que estaban.

- Mi nieto, igual que yo, era loco por esos pancitos con chocolate.

Salió. Notó que en esa esquina había solo una peluquería. Como pudo preguntó dónde conseguir pan con chocolate y le dijeron que si tomaba el metro y bajaba en Port de Garde, podría encontrarlos. Estaba sólo a una estación de distancia, así que fue.

No pudo subir al carro del metro, porque su puerta no se abrió. Cuando paró el siguiente tren, alguien pasó la mano por sobre Matilde, accionó una pequeña manilla y se abrió. Entró delante de su abridor de puertas, y cuando se apoyó y subió la mirada, sintió de nuevo esa inquietud, un poco de miedo y ese frío, como en Santiago. Él la miró como siempre desde la esquina opuesta del carro y además de sonreír, ahora se acercó.

-Toma

Le entregó una bolsa que tenía dentro seis panes con chocolate. Ella tomó el paquete de papel café y bajó la mirada de nuevo.

- Vine a París a dos cosas. Sólo te puedo contar una.

Ella no respondió. Jugaba con los pliegues de la bolsa de papel y miraba hacia abajo. Quería volver, pero no podía, quería que sonara un despertador o que alguien la zamarreara. Pero no pasó nada.

- La primera es leerte un cuento Matilde.

Ella esta vez sostuvo la mirada. Él tomó su mano y salieron del metro. Caminaron, subieron unas escalas y entraron a su departamento. Abrieron la puerta de una pieza. La desnudó y le puso una camiseta. Abrió la cama y la acostó dentro. La arropó y comenzó leerle un cuento sobre un zorro que se ponía feliz de encontrarse con un niño que era su amigo, incluso antes del encuentro. Se puso muy cerca para leerle. Su aliento y su cuerpo conjuraron ahora el frío de Matilde y ella cerró los ojos. Y sintió la tibieza. Imaginó la historia y escuchó la voz del desconocido que la había seguido hasta acá, sólo para leerle su primer cuento.

Cuando terminó de leer y ella fingía dormir, le dio un beso.

Se fue a la pieza contigua. Matilde espero unos minutos y se levantó. Cuando salió de la habitación vio que el desconocido estaba con don Andrés bien abrigado y en su silla de ruedas, ambos dispuestos a salir. Hablaban con mucha familiaridad sobre banalidades como el tráfico y lo rico que es el pan en Chile.

Ella retrocedió y se escondió. Ellos salieron y el desconocido cerró la puerta tras de sí.

No sabía qué hacer. Esperó un momento y abrió una ventana. Para ver.

La silla de ruedas estaba en la entrada del edificio y ellos caminaban ya a varios metros de ahí, del brazo, hacia el oriente. La vereda por la que caminaban parecía eterna.

A pesar de que estaba casi desnuda, no tenía frío.

Despertó. Se puso una bata. Fue a la habitación de don Andrés y vio que había muerto. Tal como él había dicho que quería hacerlo, en el sueño. Eran las cuatro y media de la mañana. Pensó en su hija y en si ya estaría durmiendo.

Los funerales serían en Santiago. Tuvo que aplazar en un par de días el vuelo de vuelta porque debió esperar que llegara la hija de don Andrés a hacer todos los trámites. Compró algunos libros de cuentos en francés. Nunca supo muy bien para qué.

En el metro de nuevo olvidó que debía mover la manilla para entrar y no pudo subirse al primero.

Cuando subió al segundo, también esta vez notó que la miraban desde que entró al carro. Eran dos hombres jóvenes que sonreían desde la esquina opuesta. Esta vez no bajó la vista. Los miró y sonrió también. Y pensó. Ésta vez también pensó y se sintió feliz, como el zorro, antes de encontrarse con el principito.

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12 Comentarios:

Blogger LUJURIA dijo...

Hola..... linda historia... un poco confusa........ para mí quizás.......... pero bella en fin.


salu2 y graccias por pasar

25/2/07 22:37  
Blogger LUJURIA dijo...

eso de q tengo mucha imaginación..... no sé si me ofende o me OFENDE....... pues mis historias son reales.... son historias de mi vida......


pero eso no lo entenderías..........

nos vemos... salu2

27/2/07 00:32  
Blogger LUJURIA dijo...

usa tu imaginacion y averigualo

salu2

28/2/07 13:39  
Blogger Atcharya dijo...

Y quién es Francisca?? la conoces? por lo visto es quien ha inspirado tu relato, como de costumbre, colmado de una estela nostálgica, tenue y amena....
Qué más decir por ahora que, me gustó........

28/2/07 23:36  
Blogger r dijo...

Estoy de acuerdo con lujuria, un poco confusa la narración.

Lo que si me gusto es ese aire medio surrealista-mistico-nostalgico que tenía .

saludos

5/3/07 13:00  
Blogger r dijo...

Telex:

Nuevo post.
Totalmente impudico.
Visitame.

6/3/07 18:33  
Blogger Atcharya dijo...

Pero cómo R es que puede considerar IMPÚDICO lo que acaba de publicar en su blog???? si es del TODO romántiCO, 0,00000000 impúdico¡¡ de dónde habrá sacado que es impúdico......? no fuíste tú el que le dijo verdad?????, esSsSspero...
Oye Alexo, sabes qué? te extraño cabro¡ sí...te extraño harto sabes??
Parece que ya no me quier.....no importa :'(

Ahhhhh... si que de espectros mentales se trataba la cosa esta vez ah.. mirshhhhh mirshhhh.. y yo que creí estaba dedicado a alguna especie de enamorada, prete o amigui aventajada... pero al fin que no, pues, corroboro que, mi querido Alexo, es todo un chico BIEN PORTADO. Eso es Alexo... Así me gusta¡¡¡¡

:)

6/3/07 23:52  
Blogger r dijo...

es impúdico porque muestra una faceta romántica y extremadamente cursi que nos resistimos a exponer.

Aunque, como puedes ver en los comentarios del referido post a todos les gusta o les provoca algo, especialmente envidia del talento del escritor aquel.

7/3/07 13:56  
Blogger r dijo...

socio dese una vuelta por mi barrio para comentar la "guerrilla literaria del haiku" esta muy gracioso

7/3/07 15:31  
Anonymous oktomanota dijo...

muy buen el blog genial , enhorabuena
saludos

8/3/07 05:15  
Blogger r dijo...

ojo nuevo post, visita.

8/3/07 11:32  
Blogger r dijo...

y que pasa buen hombre?

a postear, a postear....

12/3/07 16:33  

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